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Preguntas y respuestas

Preguntas y respuestas

¿Qué es el bronceado?
El bronceado se produce por la exposición de la piel a la luz ultravioleta. La luz solar irradia la piel y activa los melanocitos, induciendo un aumento en la producción de melanina, que es la responsable del oscurecimiento de la piel, o efecto bronceador. La melanina es un protector natural frente a la radiación. Las pieles oscuras producen mayor cantidad de melanina, y las claras menos. Por ello las pieles oscuras se broncean más, tienen más capacidad de protección, y soportan sesiones más largas de exposición. Por ello también, las personas de pieles más claras no deben intentar estar tan bronceadas como las de pieles más oscuras, pues nunca lo conseguirán.

¿Qué es la luz solar?
La luz solar es energía transmitida a través de diversas longitudes de onda. En el espectro de radiaciones emitidas se distinguen la luz visible, la infraroja, y la ultravioleta (UV), integrada por las variedades UV-A, UV-B, UV-C. La radiación UV es la responsable del bronceado. Los UV-A son la variedad menos potente de los rayos UV, y los UV-C la más fuerte y perjudicial. Para el proceso de bronceado se utiliza una combinación de rayos UV-A y UV-B.

¿Luz natural o artificial?
La exposición a los rayos UV en solario es controlada, en tiempo e intensidad. Los tubos bronceadores solo emiten radiación UV-A y B, y evitan los UV-C. Contrariamente, la luz solar natural nos transmite, además de los rayos necesarios para broncearnos, todo un espectro de radiaciones incontroladas que pueden ser perjudiciales para nuestra piel.

¿Quién puede exponerse a la luz solar?
En princípio todo el mundo puede exponerse a fuentes de luz ultravioleta, pero en función de su tipo de piel, ésta exposición podrá ser de mayor o menor duración. La posibilidad o no de exponerse dependerá también de la cantidad de exposición acumulada a lo largo de la vida de cada persona. Si se ha cubierto la cuota de exposición recomendada debido a exposiciones muy prolongadas en el pasado deberían evitarse exposiciones frecuentes y continuadas en el futuro.

¿Me puedo exponer tanto como quiera?
NO. El tiempo de sesión y la frecuencia de las sesiones deberá ir en función del tipo de piel de cada persona, de la exposión que este recibiendo en el momento de empezar a darse las sesiones (piel ya curtida, o piel no expuesta), y de las características que refleje dicha piel: manchas, lunares, etc.

¿Cuánto sol debo tomar?
La exposición idónea se estima en una sesión de solario o dos exposiciones de cinco minutos de sol natural (en verano) a la semana durante la vida de una persona normal. Este nivel de irradiación es el necesario para beneficiarnos de los efectos positivos del sol, y a la vez asegurar la salud de la piel. Esta toma ideal asume un uso racional del sol. Su uso estético, con el fin de broncearnos, como imponen los canones estéticos actuales, siempre implica una exposición excesiva, y es el que, a largo plazo, aumentará la probabilidad de sufrir enfermedades de la piel.

¿Cómo debo tomar el sol?
El sol debe tomarse con moderación y precaución. En dosis adecuadas. La piel ha de hidratarse con una loción adecuada para recuperarla de la deshidratación sufrida. Los ojos han de protegerse, y lunares, manchas, zonas sensibles y cicatrices han de cubrirse con factor protector adecuado. Los órganos genitales deberán mantenerse también protegidos. Habrá de tenerse en cuenta para calcular la exposición adecuada el tipo de piel, la presencia de manchas y lunares, la cantidad de sol tomada hasta la fecha, y el historial de quemaduras (sobre todo en la infancia) de cada persona.

¿Todo en un dia? MAL!
No debemos intentar lograr resultados en un solo dia. La piel necesita una exposición escalonada para activar los mecanismos de producción de melanina y lograr un bronceado. Se necesitan al menos 24 horas para iniciar estos procesos. Demasiada exposición en poco tiempo solo conseguirá producir quemadura, pero nunca bronceado.

¿Qué tipo de piel tengo?
En España los fototipos de piel I, II, III, y IV son los más comunes. Tipo I es una piel muy blanca que nunca se broncea. No debería utilizar el sol con fines estéticos nunca. Solo con fines terapeúticos o de preparación para períodos vacacionales. Tipo II es una piel sensible que logra un bronceado dorado pero no oscuro. Deberá exponerse con precaución y en sesiones cortas. Tipo III son pieles que logran bronceados oscuros a pesar de ser claras cuando no se exponen. Deberán exponerse con precaución al inicio.
Tipo IV son pieles con color incluso cuando no se exponen. Permiten tiempos más prolongados de exposición.
INDEPENDIENTEMENTE DEL TIPO DE PIEL, TODAS LAS PERSONAS DEBERIAN SEGUIR LAS PAUTAS DEFINIDAS EN EL APARTADO “CUANTO DEBO TOMAR EL SOL?” PARA LOGRAR RESULTADOS IDONEOS.

¿Porqué me bronceo menos que ella/el?
El tipo de piel define nuestra capacidad de bronceado. Una piel más clara tendrá y producirá menos melanina, y consecuentemente obtendrá un tono menos oscuro. No por exponer una piel clara más tiempo logrará bronceados más intensos. Solo se conseguirá sobreexponer la piel sin otro resultado que dañarla y aumentar las probabilidades de futuros problemas.

¿Con qué fin debo broncearme? Escenario ideal.
Deberíamos exponernos al sol con el fin de beneficiarnos de los efectos que esa exposición tiene sobre nuestro organismo. Esto se consigue con exposiciones de entre 7 y 12 minutos cada 9/ 10 días, dependiendo de nuestro tipo de piel. El uso del sol con fines estéticos, marcados por los cánones de belleza actuales, es un error, y la fuente de todos los problemas que oímos en los medios de comunicación.

Beneficios de la exposición
La toma de sol periódica es necesaria para la incorporación de vitamina D, la cual a su vez es fundamental para una absorción efectiva del calcio por parte del organismo, y su incorporación a la masa ósea. Esto es muy importante en la prevención de la osteoporosis. Estudios recientes demuestran que niveles apropiados de vitamina D también son esenciales en la prevención de varios tipos de tumores. La exposición al sol también ayuda en casos de psoriasis, dolores musculares y articulares, estrés y depresión.

Perjuicios de la exposición
Cuando se superan los niveles de irradiación recomendados, y los límites de exposición de la piel, los problemas pueden ser tanto estéticos como físicos. Estéticamente la sobre-exposición genera la aparición de manchas, arrugas y lunares. Desde un punto de vista físico, aumenta la incidencia y probabilidad de melanomas y cánceres de piel.

Problemática actual.
El uso del sol con fines estéticos ha causado un abuso del mismo. Esto ha producido un aumento de los perjuicios anteriormente mencionados. Sin embargo el exceso de prevención (causado por la alarma social generada por la aparición de efectos nocivos) está provocando una frecuencia muy alta de carencia de vitamina D, y como consecuencia, osteoporosis y varios tipos de tumores malignos relacionados con esta carencia. Por lo tanto una toma moderada de sol es lo que se considera recomendable para el futuro próximo. Esta toma moderada de sol permitirá solucionar la falta de vitamina D en las sociedades industrializadas, y evitar las consecuencias negativas de un exceso de exposición que se da en la actualidad.

Bronceado, Concepto erroneo. ¿Por qué?
El concepto “bronceado” tal como se interpreta en la sociedad actual es erroneo, por estar condicionado por una imposición estética de nuestro entorno. Tomamos el sol como una necesidad generada por nuestra pertenencia a un entorno cultural, cuando en realidad es una necesidad de nuestro organismo, y es fundamental para nuestro bienestar. Debemos entender que el sol ha de ser usado con moderación, pero con constancia, para nuestro beneficio. No en exceso y desordenadamente por exigencias ambientales que con el tiempo actúan en nuestro prejuicio.

¿Cómo se que he tomado demasiado?
A corto plazo, la irritación, el enrojecimiento o el picor son síntomas de un exceso de exposición. A medio/ largo plazo la piel manifiesta señales en forma de manchas, lunares, arrugas o sequedad, todo ello indicativo de un exceso de sol a lo largo de nuestras vidas.
Si sufre cualquiera de estos síntomas debería visitar a un dermatólogo, y por supuesto, recortar los niveles de exposición habituales.

Sol y embarazo
Aunque no hay ninguna contraindicación a la hora de tomar el sol durante el embarazo, se recomienda evitar exponer la zona del feto durante los cuatro primeros meses

Sol y medicamentos
Hay una serie de medicamentos que pueden actuar como fotosensibilizantes, aumentando la sensibilidad a la exposición, y pudiendo provocar leves quemaduras. Antidepresivos, antibióticos, etc. Consulte con nuestro personal.

¿Necesito protección?
Dada la posibilidad de controlar los tiempos de exposición en las cabinas, la protección no es necesaria. Únicamente en casos de lunares concretos, cicatrices muy recientes, o zonas especialmente sensibles. En la exposición al sol natural, donde la intensidad de la irradiación y la duración de la exposición son difíciles de medir, la utilización de protectores es fundamental.

¿Mis Ojos?
Los ojos son la parte más sensible a la exposición solar, y deberian estar siempre protejidos. El párpado por si solo no es efectivo a la hora de evitar los perjuicios de la luz ultravioleta (UV) sobre los ojos.

¿Me puedo dar sesiones seguidas?
Para fines concretos, como pueda ser una fiesta, cena, o celebración, no hay problema en darse una serie de sesiones seguidas. Lo que desaconsejemos y queremos evitar es que se tomen muchas sesiones seguidas durante mucho tiempo, pues implica una acumulación de exposición por encima de las cantidades idóneas y razonables, y esto es lo que mantenido en el tiempo, a medio/ largo plazo, aumenta la probabilidad de problemas y enfermedades. Recordamos también que no tiene sentido darse grandes cantidades de exposición de una sola vez, pues no se va a notar el resultado. Lo conveniente es iniciar las tomas de sol al menos diez días antes de la fecha para la que deseemos un resultado.

Errores comunes.
1. Intentar estar más bronceados de lo que nuestro tipo de piel este genéticamente preparado para tolerar.
2. Intentar mantener un bronceado excesivo, “de playa”, durante mucho tiempo. Debemos entender que la piel no se creó para estar eternamente bronceada, sino para soportar ciertas dosis de exposición a la luz solar, que son distintas para cada persona.
3. Olvidarnos que nuestra piel memoriza las exposiciones acumuladas. La cantidad de luz natural a la que podamos exponer nuestra piel dependerá de la cantidad de luz natural a la que nos hayamos expuesto hasta la fecha, y a la que pensemos seguir exponiéndonos en el futuro, y por supuesto dependerá de nuestro tipo de piel.

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